Inicio > Especiales > Cervino, un poco de historia
 
Cervino, un poco de historia
Alfredo Iñiguez
 
 
No se podía escalar, las nubes que lo cubrían eran la morada del dragón y los demonios bailaban en su cumbre al son de encantados vientos helados. Así soñaba el Materhorn, el Cervino, en la noche de los tiempos.
 
Pero una edad terminaba, en la década de los cincuenta del diecinueve, otro dragón llegaba a los alpes, el ferrocarril y éste cargaba en sus hombros a un ejercito invasor, los turistas.
De ellos y por encima de todos, los ingleses. Inglaterra, una nación dueña de medio mundo iba a aportar una nueva especie a la fauna alpina, de entre sus nutridas filas, los más osados o los más locos conformarían un grupo que desarrollaría una nueva actividad , el arte, el oficio de escalar montañas, nacía el alpinismo.
 
En la sociedad victoriana existían dos aficiones susceptibles de ser comparadas de alguna manera con el deporte actual, a la sazón la caza del zorro y ligeramente por debajo, la caza de tigres y de búfalos, es evidente que estas actividades solo podían ser practicadas o por militares o por la nobleza más rancia y adinerada, coincidiendo en muchas ocasiones ambas cualidades en un mismo individuo.

En el año 1858 se funda el Alpine Club, y se da la circunstancia que entre sus miembros, los más numerosos son profesionales, abogados, profesores universitarios, bastantes clérigos e incluso estudiantes; gentelmans como se les definía en la época, unido esto a una gran autoestima propia del periodo victoriano y a la relativa facilidad económica con la que se podía acceder al nuevo “sport”, éste se pone de moda, convirtiéndose de la noche a la mañana en una auténtica obsesión nacional.
Tanto es así que tras el desastre acaecido durante el descenso de la primera al Cervino, la propia reina Victoria, encargo a su gobierno la prohibición del alpinismo.
 
Es así, como los alpinistas ingleses comienzan a escalar “Todo lo que se veía” y cito textualmente.  Como si de una campaña militar se tratara se sube al Schreckhorn, el Taschorn, el Weisshorn, el Fisserhorn, el Dent Blanc, El Castor, el Gablehorn, el Rothorn , el Liskamm, todos salvo el Matherhorn. Tan solo el extraordinario guía suizo Crhistian Almer, que actuaba en los alpes Berneses con el estilo de un alpinista inglés, igualó en la época aquel empuje casi demencial.

En este contexto, un personaje apareció en escena en el año 1860. Edward  Whymper que apenas contaba con veinte años de edad.
Grabador de profesión conoció los alpes por encargo de su editor, con la misión de dibujar unas escenas alpinas. Quedo impresionado por lo que vio y pronto decidió que le interesaba más aprender a escalar montañas que dibujarlas.

Edward  Whymper

Jean Antoine Carrel
 
Este hombre, de extracción muy humilde, estaba fuera de contexto en el club alpino de tal manera que hasta le achacaban su acento, de clase baja. Es probable que esta  circunstancia,  acrecentaran su ambición y su arrojo.

En Junio de 1865, Whymper regresa a Suiza y en la que casi con seguridad es la campaña más espectacular de la historia de los alpes, efectúa con sus guías; entre otras; las siguientes actividades: El Dent Blanche, el Grand Cournier, los Grand Jorasses, LÁguille Verte, el coll de L´Enne, el Coll de Talleure y el Ruinette.
En el espacio de un mes escalaron 30.500 m. y recorrieron unos 600 Km.

A este respecto se preguntaba el excelente alpinista Ingles Sthepen Venables: “¿Alguna vez se ha igualado aquello?..... …… ¿Alguien lo ha superado en una campaña de escalada alpina?.........Tenía una especie de lista de la compra con los picos por escalar……….Una especie de confianza ciega”


En 1861, viaja a la cara italiana del Cervino en busca de Jean Antoine Carrel, el versalleri, había sido uno delos oficiales que habia luchado por la unificación de Italia.Tambien era cazador, su pasión por escalar quizás partiera de esta circunstancia.
Era el único guía que creía firmemente en la accesibilidad del Cervino y se había propuesto hacerlo a toda costa, con o sin clientes.