La Maroma puede coronarse desde más de un itinerario, nosotros lo hicimos por el llamado camino de la Casa de la Nieve, senda bastante asequible y medianamente señalizada. La ruta parte desde la localidad de Canillas de Aceituno, localidad ala que habremos llegado dejando la carretera que une Vélez-Málaga con la presa de la Viñuela en dirección al Boquete de Zafarraya. Una vez en Canillas, siguiendo la carretera que nos introduce en el casco urbano, llegamos a una plaza en la que se encuentra el Ayuntamiento, justo en ese punto hay una fuente y encontramos la primera señal indicativa del recorrido. Siguiendo en el casco urbano, ya por una empinada calle pavimentada con cemento, cuyo lado derecho es de roca viva, nos encontramos una curva a la derecha y posterior a la izquierda, girando de nuevo a la izquierda, saliendo al campo, encontrando un camino. Si tomamos ese camino a la derecha, a unos 50 mts., observaremos el inicio de la senda, que por medio de un pinar. Posteriormente cruzaremos una zona despejada, para volver a entrar en otro pinar, en el que podremos descansar, y tomar agua de la Fuente de La Rávita. Quizás no se aprecie en principio, pero si guardas silencio, el chorro de agua, la descubrirá. Dicen que en esta zona se han encontrado cuatro tumbas de otros tantos Santones.

Después del merecido descanso, nos encaminamos hacia el Collado de la Rávita. Zona con espectaculares paisajes, tanto de la Maroma en sí, como del barranco del Río Almanchares. Llegamos a un collado, el del Almanchares, con lo cual entramos en el llamado barranco de los Dinosaurios, en este pequeño valle encontramos una nueva fuente, si bien en nuestra subida no tenía agua. Posteriormente llegamos a un cruce, en el que a la izquierda sale una senda amplia que nos conduciría a la localidad de origen, Canillas de Aceituno, siguiendo con nuestra senda, entramos en la zona más dura con desniveles de hasta el 25 %, encontrando una nueva fuente, que al igual que la anterior no tenía agua en nuestra visita. Después de ese fuerte desnivel llegamos a la llamada Proa del Barco. A partir de ahí, la ruta se suaviza, continuando por un paisaje casi lunar, de roca viva, siempre por la margen derecha de un arroyo. Al poco encontraremos un pequeño refugio de piedra medio levantar junto a una gran roca. Finalmente y ante la ausencia de senda visible, entraremos en una zona de roca suelta, con algunas fosas aisladas, observando a la izquierda unas pequeñas ruinas y un pluviómetro derribado, la cumbre está cerca y poco a poco se irá haciendo grande ante nuestra vista un vértice geodésico.
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