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Situados en este apacible pueblo palentino (1.320 m), saldremos de su caserío por la calle Chica, por una pista entre praderas. Al poco de salir del pueblo ya tendremos la primera visión de lo que nos espera. El Curavacas aparece a nuestra derecha con su peculiar tonalidad verdosa, mostrándonos toda la dureza de su cara sur.
Tras atravesar un pequeño puente sobre el Arroyo de Cabriles, abandonamos la pista que se dirige a Valdenievas, para seguir a la derecha y a orillas del mencionado arroyo, un nuevo camino que se adentra en el Valle del Cabriles en dirección a la base del Curavacas. Atravesamos dos portillas metálicas y tras la segunda el camino, que continúa a la sombra entre robles, se convierte en una especie de cauce con grandes piedras molestas de caminar, hasta desembocar en los prados de Cabriles (1.550 m), donde nuevamente contemplamos toda la dureza de la peña que nos está esperando. Podemos contemplar la cara sur del Curavacas y advertir toda la ruta que seguiremos por la vía del Callejo Grande. Continuamos por los prados con rumbo al pico. Cruzaremos el arroyo y poco después encontraremos una buena fuente (1.645 m) de heladas aguas, en la que podremos llenar nuestras cantimploras.
Aquí se acaba lo buenos. El camino serpentea entre las escobas y cu ando estas terminan, comienza el río de piedras. Estamos en la temida pedrera que conduce al Callejo Grande. Si nos fijamos iremos viendo algunos jitos que nos conducirán por el mejor camino. Lo más aconsejable es ir subiendo por la parte derecha de la pedrera, la zona que está cubierta de vegetación. En este lugar se van encontrando senderos que facilitan mucho la ascensión. De todos modos, lo más aconsejable en cualquier caso, es apretar los dientes, bajar la vista al camino y tirando de corazón, ir ascendiendo con nuestro ritmo más adecuado. |
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Debemos dirigir nuestros pasos a la masa de rocas que se encuentran a la izquierda del amplio Collado del Hospital, que tenemos a la derecha en el sentido de la ascensión. Pasaremos bajo los escarpes rocosos de un tono verde negruzco. Aquí finaliza la pedrera y comienza el Callejo Grande. El sendero, bien marcado, es más cómodo de caminar, pero más pendiente. Se encuentra jalonado de jitos que nos sirven de referencia para no perderlo. Va serpenteando buscando siempre la pared de la derecha. Luego, cuando nos aproximamos a un diminuto collado verde, el sendero gira a la izquierda, buscando el centro de la canal. Esta se estrecha y la cercanía de la piedra y la inclinación del sendero, nos llevan a usar las manos para ayudarnos en la ascensión. No es técnicamente una trepada. Pero si un apoyo natural para ascender los escalones que forman el camino. Por otro lado, la piedra conglomerada ofrece suficientes garantías para caminar sobre ella.
Medio perdidos en el laberinto de rocas en que se convierte el final, vamos ascendiendo ya de forma directa en busca del estrecho pasillo que nos trasporta a la cara norte del Curavacas. Un nuevo pisaje, más abierto y con los Picos de Europa al fondo, nos da la bienvenida. Ya queda menos y pasamos lo más duro. Un pequeño destrepe hacia la cara norte y un corto recorrido por un estrecho pasillo del que se desprenden vertiginosas y cerradas canales, nos trasportan a La Llana, repecho final surcado por un cómodo sendero de suave pendiente que nos conduce a la cumbre del Curavacas (2.524 m), coronada por un vértice geodésico y dos buzones montañeros. Hasta aquí hemos empleado de tres a tres horas y media. |
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El Curavacas se encuentra como aislado en medio de la planicie. Al oeste, el Espigüete asoma su blanco manto de caliza entre las oscuras lomas de las otras dos cumbres del Curavacas. Por el norte, una amplia superficie con el lago del Pozo del Curavacas, lo separa del circo que forman Peña Prieta y el Tres Provincias, que tapan de nuestra vista el Macizo Occidental de Picos. A su derecha aparecen en todo su esplendor los otros dos macizos, Urrieles y Andara. Podemos distinguir con facilidad alguna de sus cumbres más emblemáticas, como Cerredo, Urriellu, Peña Castil, La Morra, La Rasa de la Inagotable, San Carlos...
Al este, el Valle de Pineda regado con las aguas del jovencito Río Pisuerga y al fondo, la sierra de Peña labra. Aquí a nuestros pies, el Pico Hospital. Por el sur, el embalse de Camporredondo, el Pico Santa Lucia y la estepa castellana.
La Estancia en la cumbre es muy agradable y las vistas estupendas. Permanecemos en ella por espacio de casi una hora, pero tenemos que bajar. El descenso lo hacemos por el mismo sitio por el que subimos, pero aumentando las precauciones. En el Callejo Grande, el sendero es de tierra y grijo, que, de no extremar las precauciones, podemos dar con nuestros huesos en el suelo a causa de un resbalón. Cuando alcanzamos la pedrera, podemos hacer el descenso por el amplio canalón, buscando las zonas en las que la piedra es más menuda y nos permite deslizarnos con comodidad, con lo que ganaremos mucho tiempo en el descenso. |
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Ganamos de nuevo la fuente por la que pasamos al subir y agradecimos la frescura de sus aguas. La temperatura en la parte final de la pedrera se hizo mayor al no tener ya el aire que arriba nos refrescaba y el calor empezaba a hacer mella. Descendemos por los prados de Cabriles y en poco tiempo alcanzamos la Calle Chica de Vidrieros por donde hace casi seis horas y media salíamos rumbo al Curavacas. |
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